Septiembre. Vuelta al trabajo, vuelta a las reuniones, vuelta a los “esto lo tenemos que sacar antes de final de año”. Y, en muchas empresas, también llega una pregunta que llevaba varios meses esperando en algún Excel, correo o reunión de Recursos Humanos: ¿cuánto crédito de formación bonificada nos queda por utilizar este año?
La formación bonificada a través de FUNDAE es una gran oportunidad para mejorar las competencias de los equipos y desarrollar acciones formativas que tengan un impacto real en la empresa. El problema aparece cuando dejamos su planificación para el último momento.
Porque sí: llegar a septiembre con crédito disponible no significa que sea demasiado tarde. Pero tampoco significa que haya que gastarlo de cualquier manera.
Las empresas disponen de un crédito anual destinado a financiar la formación de sus trabajadores. Este crédito puede hacerse efectivo posteriormente mediante bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social.
Dicho de una forma mucho más sencilla: tu empresa puede disponer de una cantidad determinada para formar a su plantilla y recuperar total o parcialmente el coste de esas acciones formativas siempre que se cumplan los requisitos establecidos. Y aquí está la palabra importante: formar.
La formación bonificada no debería entenderse como un presupuesto que hay que gastar porque sí antes de que termine el año. Es una herramienta para mejorar competencias, actualizar conocimientos, sensibilizar a los equipos y responder a necesidades reales de la organización. Por eso, la pregunta no debería ser únicamente “¿cuánto crédito nos queda?”, sino también “¿en qué formación merece realmente la pena invertirlo?”
La mejor estrategia es sencilla: no esperar a septiembre. Un buen plan de formación debería comenzar identificando las necesidades de la plantilla, los objetivos de la organización y aquellas competencias que necesitamos reforzar durante los próximos meses.
Digitalización, liderazgo, igualdad, diversidad e inclusión, prevención del acoso, habilidades profesionales, ciberseguridad, idiomas, herramientas digitales… cada empresa tendrá unas prioridades diferentes. Planificar con tiempo permite seleccionar mejor las acciones formativas, distribuirlas durante el año y, sobre todo, evitar esa maravillosa tradición empresarial de descubrir en noviembre que todavía queda presupuesto y querer formar a media compañía antes de Navidad.
Porque la formación funciona mucho mejor cuando responde a una estrategia que cuando responde a una carrera contra el calendario.
Primero de todo, que no cunda el pánico. Todavía hay margen suficiente para realizar formación bonificada antes de terminar el ejercicio. La clave está en elegir acciones que puedan ponerse en marcha con rapidez, tengan una duración razonable y permitan cumplir correctamente todo el proceso de realización, seguimiento y evaluación.
FUNDAE establece una serie de requisitos para que una acción pueda ser bonificable. Entre ellos, la formación debe estar relacionada con la actividad de la empresa o tener carácter transversal, debe tener una duración mínima de dos horas y debe realizarse el correspondiente seguimiento de los participantes. En teleformación, además, la plataforma debe permitir registrar su actividad.
Por tanto, si queremos aprovechar el último tramo del año, necesitamos buscar cursos prácticos, útiles y diseñados correctamente para poder ser bonificados. Nada de apuntarse a cualquier cosa simplemente porque “tenemos crédito”.
Parece evidente, pero no siempre lo es. La formación tiene que aportar algo al trabajador y a la empresa. Si al terminar un curso la única conclusión del participante es que ha conseguido dejar los vídeos reproduciéndose mientras contestaba correos, probablemente tenemos un problema.
Una buena acción formativa debería ser clara, dinámica, aplicable al día a día y suficientemente atractiva como para generar participación.
Y esto cobra todavía más importancia cuando tenemos poco tiempo para organizar la formación.
En estos casos pueden funcionar especialmente bien las formaciones online de duración contenida, centradas en un tema concreto y que permitan a los trabajadores avanzar con cierta autonomía dentro de un periodo establecido.
Pero cuidado con confundir “píldora formativa” con “vídeo de diez minutos”. Si queremos que una acción sea bonificable, debe estructurarse de acuerdo con los requisitos establecidos por FUNDAE, incluyendo la duración mínima correspondiente, el seguimiento y los controles de aprendizaje necesarios.
Un ejemplo son nuestras píldoras de formación y sensibilización contra el acoso, pensadas para trabajar cuestiones que afectan directamente al entorno laboral y que conviene abordar de una manera clara, cercana y práctica. La prevención del acoso no debería limitarse a tener un protocolo guardado en una carpeta de la intranet que nadie recuerda haber abierto. Formar y sensibilizar a la plantilla ayuda a que las personas sepan identificar comportamientos inadecuados, conocer los límites, detectar determinadas situaciones y saber cómo actuar ante ellas.
Además, es un tipo de formación transversal que puede tener sentido para perfiles y departamentos muy diferentes dentro de una organización. Cuando estas acciones se estructuran correctamente como formación bonificable, pueden ser una alternativa especialmente interesante para aquellas empresas que llegan al último trimestre con crédito disponible y quieren utilizarlo en algo que tenga una aplicación real. No se trata de rellenar horas. Se trata de aprovecharlas.
En Inserver hemos desarrollado nuestras propias píldoras de formación contra el acoso, pensadas precisamente para que las empresas puedan formar y sensibilizar a su plantilla de una manera mucho más ágil, práctica y cercana.
No hablamos de colocar delante del trabajador un PDF interminable o de obligarle a atravesar horas de teoría poco conectada con su realidad. Nuestros contenidos están planteados para explicar conceptos de forma clara, trabajar situaciones reconocibles y conseguir que la formación sea útil de verdad.
Además, podemos plantear estas acciones dentro de un programa de formación bonificable a través de FUNDAE, cumpliendo con los requisitos necesarios de duración, seguimiento y evaluación.
Esto las convierte en una opción especialmente interesante para aquellas empresas que llegan al último trimestre del año con crédito de formación disponible y quieren invertirlo en una acción que pueda desplegarse con rapidez, que tenga sentido para el conjunto de la plantilla y que, sobre todo, aporte un valor real.
Porque si todavía tienes presupuesto para formación, quizá no sea el momento de buscar “cualquier curso que podamos bonificar”.
Quizá sea el momento de aprovecharlo para abordar uno de esos temas que todas las organizaciones saben que son importantes, pero que demasiadas veces se quedan para más adelante.
Este punto es especialmente importante cuando nos acercamos al final del año.Para aplicar la bonificación no basta con contratar una formación el 28 de diciembre y respirar tranquilos. Hay que cumplir todo el procedimiento correspondiente. FUNDAE exige comunicar el inicio del grupo formativo con antelación, desarrollar la formación, realizar el seguimiento correspondiente y posteriormente comunicar su finalización y los participantes que la han completado. En teleformación, para que un participante tenga la consideración de finalizado debe haber realizado al menos el 75 % de los controles de aprendizaje.
Por eso recomendamos no apurar innecesariamente. Si en septiembre u octubre todavía existe crédito disponible, es un buen momento para hacer números, revisar necesidades y poner en marcha las acciones formativas que puedan desarrollarse correctamente antes de terminar el ejercicio. Mucho mejor eso que descubrirlo cuando ya estamos pensando más en el menú de Navidad que en el plan de formación.
Como regla general, conviene revisar y planificar cada año el crédito disponible y decidir conscientemente cómo queremos utilizarlo.
Existe una excepción importante: las empresas de menos de 50 trabajadores pueden acumular su crédito de formación durante varios ejercicios, siempre que lo hayan comunicado a FUNDAE dentro del plazo establecido durante los primeros seis meses del año.
Por eso es importante conocer la situación concreta de cada empresa y no dar por hecho ni que “hay que gastarlo todo” ni que “ya lo utilizaremos el año que viene”.
La clave vuelve a ser la misma: planificación.
Si todavía tienes presupuesto disponible para formación bonificada este año, septiembre no es demasiado tarde. Es, eso sí, el momento de dejar de darle vueltas. Revisa el crédito disponible, detecta qué necesidades tiene realmente tu plantilla y busca acciones que puedan organizarse, completarse y evaluarse correctamente dentro de los plazos. Y sobre todo, elige formación que sirva para algo.
En Inserver podemos ayudarte a encontrar y poner en marcha acciones formativas online adaptadas a tu empresa, incluyendo nuestras formaciones de sensibilización y prevención del acoso, así como otros contenidos relacionados con diversidad, inclusión y desarrollo de competencias. Porque aprovechar el crédito FUNDAE está bien. Aprovecharlo para que tu equipo aprenda algo de verdad está bastante mejor.